Expreso: Cierra una fundación guayaquileña

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Foto: Diario Expreso

Las nuevas normas que deben cumplir las fundaciones traen un desafío incierto: de un lado, la necesidad estatal de regular el tráfico de estos grupos, y de otro, las consecuencias que acarrea.

Aunque no siempre es generosidad lo que reluce en las entidades solidarias, lo cierto es que su gran mayoría ha venido tapando, durante décadas, las deficiencias insolidarias del propio Estado.

Las fundaciones están en el ADN guayaquileño y esa identidad se trastoca. La incógnita es cómo se cubrirá el vacío que irá apareciendo. Yque ya van dejando algunas.

En la ciudad hay una primera víctima de esas nuevas normas: Crecer, tras 28 años de luchar por erradicar el trabajo infantil y de haber ayudado a 600 chicos, cerró. EXPRESOlo había anticipado en diciembre pasado. La fundación no obtenía el permiso para continuar con su programa de educación. Y no hubo marcha atrás.

La “cuna del voluntariado” se encuentra en una época de ‘tsumanis’ de normas y decretos. Los representantes de las fundaciones están de acuerdo con el control. Saben que hay entidades que lucran gracias a la filantropía del guayaquileño y que han dañado la imagen de su labor. Pero les preocupa lo estrictas que para ellos son las regulaciones.

Dicen que los requerimientos son extremos, los plazos mínimos y que no hay concesiones. Pero las autoridades indican que muchos de estos requisitos técnicos se dieron a conocer desde inicios del año pasado, es decir que ha pasado más de año y medio.

Sin embargo, para estas organizaciones, este tiempo no es suficiente. ¿Por qué? Por falta de dinero para ajustarse. Recuerdan que son instituciones que viven casi el día a día.

A las normas técnicas que deben cumplir, según la actividad que realizan, se suma otro plazo. Los 180 días adicionales que tienen para adaptarse a los requerimientos que ordena el Decreto 16 y que terminan en diciembre. Esta norma establece requisitos para el registro de las instituciones de carácter social que, de no cumplirse, pueden determinar su cierre.

Para algunas instituciones ajustarse a este decreto es complicado. Deben contratar más personal, por ejemplo, a economistas o contadores para que fiscalicen sus cuentas. La opción que les queda es buscar entre los profesionales a personas que quieran hacerlo, pero como una labor voluntaria.

En Acorvol, la asociación que aglutina a 75 fundaciones de Guayas, todos los días se escucha de la falta de dinero que enfrentan las instituciones. Pero se reconoce también que hay algunas que funcionan en locales no adecuados para su actividad. Allí vuelve el tema de debate: ¿con qué recursos se ajustan a las normas?

Y mientras una red se conformó para atraer a jóvenes al voluntariado, el futuro de algunas organizaciones es incierto. Lo que más preocupa es qué pasará con quienes se quedan sin su apoyo. ¿El Estado podrá atenderlos a todos?

Publicado en diario Expreso, el 4 de agosto de 2014. 

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